Muchos de los aspirantes destacan más por escándalos, por sus tiktoks o por cuestionados parentescos que por un verdadero trabajo legislativo, político o social
¿Qué nos espera para 2027? Como ciudadanos y votantes, el panorama es por demás pobre. No hablo solo de la economía —que no atraviesa un buen momento—, sino de la preocupante necesidad de elegir a 17 gobernadores, 500 diputados y presidentes municipales, será una elección de
gran importancia.
Hoy conocemos a quienes han pedido licencia; la mayoría dejó tirado, sin pena alguna, el cargo de diputado o senador. A ellos y ellas ya se les olvidó que hace unos años solicitaron el voto para un periodo completo, mismo que hoy abandonan sin haber cumplido con el tiempo mínimo que exigía su responsabilidad. Es una vergüenza.
Muchos de estos aspirantes destacan más por escándalos, por sus tiktoks o por cuestionados parentescos que por un verdadero trabajo legislativo, político o social. Lejos de ofrecer un plan de desarrollo, le apuestan al disparate. Habrá que elegir entre una oferta precaria, y no hablo solo de números: hoy ya hay registrados 277 aspirantes solo del partido que nos gobierna. Pero, por más candidatos que haya, los mexicanos no la tenemos fácil; frente a nosotros tenemos la experiencia de iniciativas convertidas en leyes que han perjudicado el salario, las condiciones laborales y la creación de empleos. Por otro lado, tenemos una inflación alimentaria que avanza dos veces más rápido que los salarios promedio y la inflación general.
En ocho años no ha existido ninguna transformación; están equivocados, el término correcto es involución. Han construido no solo un segundo piso, sino un tercero y cuarto, enfocados en la desaparición de los órganos autónomos, la reforma al Poder Judicial y cambios a la ley laboral. Hay
quienes calculan que el retroceso es equiparable a 30 años.
¿Cuándo tendremos verdaderos representantes que entiendan las necesidades de las y los trabajadores, que asuman su responsabilidad y no culpen de todo al pasado? Hoy solo vemos funcionarios y gobernantes echándose la bolita para ver quién lo hizo peor.
Las administraciones morenistas presumen el incremento al salario mínimo, pero bien saben que eso solo ayuda a una minoría. El verdadero reto es contar con un sistema de salud eficiente —con medicamentos, consultas y cirugías— para que la gente no tenga que pagar por fuera lo que el sector
público le niega.
El desafío es generar empleos bien pagados con seguridad social, no solo repartir becas. El objetivo es gobernar y legislar en favor de las y los ciudadanos, y no simplemente levantar la mano para alinearse al partido, sin importar el daño causado.
¿Quién realmente ejercerá su función de manera responsable y con amor a México? ¿Quién goza de la autonomía y valor necesarios para defender los derechos del pueblo? ¿Quién cumplirá lo que promete en campaña? ¿Quién?












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