Cobrando con sombrero ajeno: así podemos traducir los casi ocho años de la administración morenista.
Reforma tras reforma ha sido la misma historia: la aprueban con la única intención de exprimir los salarios para engordar las finanzas públicas y sostener con impuestos, fideicomisos, recursos del Infonavit o las Afores de los trabajadores todas las becas, apoyos o programas sociales que han querido; y, por otro lado, el gobierno se cuelga el milagro.
Una familia puede acceder, bajita la mano, de dos a cuatro programas sociales, lo que se traduce en un ingreso mensual que va de los 6 mil a los 15 mil pesos.
Han creado un sistema no solo paternalista, sino que han forzado una codependencia económica entre Estado y pueblo. Hay becas de todo: para adulto mayor, escolar, madres solteras, jóvenes, madres trabajadoras. Solo les falta decir: “Llévele, llévele”.
¿Está mal? No, si el dinero no saliera en gran parte de empobrecer a la clase productiva del país. El gobierno no puede ser Robin Hood y quitarles el dinero a unos y dárselo a otros solo por querer eternizarse en el poder con un sistema de votación directo a su favor.
El Estado debe dejar de exprimir a la clase trabajadora y sacar recursos de otros lados para pagar el proselitismo. Falta de voluntad es la que hay, no de opciones. El camino es ampliar el cobro de impuestos, pues resulta que solo el 50 por ciento de las y los mexicanos que trabajan pagan al fisco. La idea es crear un sistema más eficiente donde paguemos todos para que la tasa baje. Pero no, la carga para los trabajadores formales en algunos casos alcanza hasta el 30 por ciento de su salario.
El gobierno debe dejar de tirar nuestro dinero en obras faraónicas, señaladas por mala ejecución o corrupción. Necesitamos medicinas, hospitales, carreteras, no elefantes blancos.
Lo que están haciendo es literal: poniéndole una bolsa en la cabeza a cada trabajador, nos están asfixiando.
Los números son crudos y, como dice el clásico, aquí tenemos otros datos: un trabajador promedio que gana 20 mil pesos al mes ha perdido en la era morenista hasta 8 mil 399 pesos mensuales de su poder adquisitivo; al año, la pérdida es de 100 mil 798 pesos entre la inflación acumulada, el tope al reparto de utilidades y al tiempo extra. Eso es lo que le cuesta a un empleado calificado la Cuarta Transformación.
Como clase trabajadora, no olvidemos que si hoy el dinero no alcanza es por la traición de legisladores de Morena y de líderes vendidos como Napillo, que aplaudieron este despojo llamándolo “beneficio”. El costo de su impunidad y traición la pagamos de nuestro bolsillo, y esa factura habrá que cobrárselas.













Leave a Reply