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La primavera laboral frente a la fría realidad

Parece que para las autoridades la clase trabajadora solo abarca a repartidores de plataformas, jornaleros y jóvenes con beca gubernamental —quienes a veces perciben más que un médico pasante en un hospital público—. Para el Poder Legislativo, los millones de obreros de producción, planta, talleres de manufactura, transporte e industria pesada no existimos. Eso sí: si se trata de disponer de nuestros ahorros o recortar conquistas laborales, somos los primeros en la fila.

La gran deuda de los legisladores es con la fuerza trabajadora del país. Han decidido golpetearnos y dilapidar lo conseguido en décadas mientras buscan reelegirse: el 34 por ciento de los 500 diputados quiere conservar su curul y privilegios a costillas nuestras.

¿Continuidad para qué? Sin importarles el trabajador, toparon utilidades, limitaron el tiempo
extra y metieron mano a los recursos del Infonavit y las afores sin consultarnos, para que el gobierno gaste nuestro dinero como le dé la gana.

Hablando de continuidad, ya vemos a los primeros destapados de Morena para
gobernadores: la misma pifia de hace ocho años. ¿Qué van a prometer o a componer si según
ellos todo marcha de maravilla?

No nos hagamos, los números rojos mandan: en 2025 apenas se crearon 278 mil empleos formales en el IMSS —miseria frente al millón urgente al año— y la maquila perdió más de 127 mil puestos. Presumir que «no hay desempleo» con una tasa menor al 3% es maquillaje: 33 millones de mexicanos sobreviven en la informalidad, más de la mitad del país chambea sin seguro ni prestaciones, y a más del 35% el
sueldo no le alcanza ni para la canasta básica.

En Morena dirán que todo va bien, pero hablarán de sus propias casas. Necesitamos legisladores
que escuchen a la base, que echen abajo el tope a utilidades, el límite al tiempo extra, el uso de nuestro dinero del INFONAVIT y las AFORES, que bajen impuestos y exijan un alza salarial de emergencia. No hace falta creatividad, sino bajarse de sus privilegios y tener tantita honestidad: si no van a mejorar las cosas, retírense y no pidan el voto.

A la clase trabajadora nos toca despertar conciencias, ya no por nosotros —a nosotros,
como dicen, ya nos dieron hasta para llevar—, sino por nuestros hijos y nuestros nietos: ¿qué futuro les espera?

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